Como hemos comentado anteriormente, el papel que tienen las personas que rodean a alguien con ansiedad no es sencillo. Tratan de ayudar a la persona a sentirse mejor y lo hacen con su mejor intención.
El problema es que a menudo suelen dar por hecho que la mejor manera de ayudar al otro es hacer lo que a ellos les gustaría que hicieran con ellos, es decir, proyectan en el otro.
Proyectar en el otro consiste en dar por hecho que la otra persona funciona igual que nosotros, es decir, atribuir a otra persona lo que nosotros pensariamos, sentiríamos, querríamos o necesitaríamos si estuviéramos en su situación.
Para explicar esto siempre pongo el siguiente ejemplo:
Imaginemos que hay dos tipos de personas cuando están enfermas, por ejemplo, con gripe:
– Tipo 1:
Personas que cuando están enfermas quieren/necesitan que los demás estén muy pendientes de ellas. Quieren que les pregunten muchas veces qué tal están, qué tal se encuentran y si necesitan algo. Incluso quieren que se les arrope, se les haga una sopa y casi que se les dé de comer en la boca.
– Tipo 2:
Las personas que cuando están enfermas lo que necesitan es estar solas y que nadie les hable, les pregunte cómo están y mucho menos que les vayan a visitar o les hagan la comida.


Por supuesto, ambas necesidades son igual de válidas y respetables. El problema aparece cuando estos dos tipos de personas tienen una relación de cualquier tipo.
¿Te imaginas que pasaría si la persona del tipo 1 enferma y la persona tipo 2 no le escribe, ni le llama, ni le pregunta qué necesita porque da por hecho que quiere estar solo?
Hablando de esto con pacientes del primer tipo, cuyas parejas eran del segundo, me han confesado que se han sentido abandonados y poco queridos. Si la situación fuera la contraria, es decir, la persona de tipo dos enfermara y su pareja le atendiera en exceso, se sentiría agobiada, invadida y poco respetada.
En ambos casos, lo que hay detrás de las conductas es el cariño, ya que el hecho de dar al otro lo que a ellos les gustaría recibir es un gesto de amor. Es importante explicarles que aunque lo hagan desde el amor, no están teniendo en cuenta qué es lo que realmente el otro necesita.
En el fondo, les ciega el centrar la atención únicamente en su manera de funcionar y no se paran a pensar que la otra persona tiene una manera de funcionar diferente a la suya.
A menudo me encuentro frases del tipo:
“Pero esque yo sé que estaría mejor si pudiera llevarle la sopa que le he hecho”.
“Aunque no quieras, te voy a poner la manta que ya verás que vas a estar mejor”.
También suele ocurrir que la persona que está enferma no le explica a la otra persona lo que realmente necesita. Se sienten egoístas o culpables porque creen que la otra persona se sentirá mal.
A mis pacientes trato de explicarles que es precisamente al revés.
Explicarle al otro cómo funcionamos y qué necesitamos es un regalo, es un manual de instrucciones que les va a permitir acertar siempre. ¿No es eso lo que nos gustaría, asegurarnos de que le damos al otro exactamente lo que le va a ayudar a sentirse mejor?
Este ejemplo nos sirve para entender que es mucho más sencillo ser transparente y comunicar lo que necesitamos en determinadas situaciones. A
sí ayudamos al otro a acertar y a generar un aprendizaje sobre nuestro funcionamiento.
Es tan sencillo como hacer la pregunta mágica:
¿Puedo hacer algo para ayudarte a sentirte mejor?
Con esta pregunta aciertas seguro y le ofreces a la otra persona la oportunidad de expresar lo que realmente necesita.








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