PAREJA

En esta página encontrarás los siguientes temas:

  1. Elección de la pareja
  2. La influencia de nuestro referente de pareja a la hora de elegir la nuestra
  3. El problema de las expectativas
  4. Por qué no priorizar un área de nuestra vida (por ejemplo, la pareja) sobre las demás

Elección de la pareja:

A muchas personas les puede resultar extraño la idea de que a la pareja se la elige. Desde mi punto de vista sí, la pareja se elige, no es algo que ocurre y punto.

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Las cosas que simplemente suceden suelen estar relacionadas con aquellas que no tenemos decididas.

Por ejemplo, si yo tengo claro que hoy quiero comer un filete con ensalada, es bastante improbable que cuando llegue la hora de comer, termine comiendo lo primero que pille en la nevera.

¿Por qué? porque ya había decidido con anterioridad lo que iba a comer, tenía los ingredientes y he dedicado el tiempo a hacerme la comida. 

En mi opinión, en la elección de pareja ocurre algo parecido. Si no tengo decidido lo que quiero, es probable que de repente me vea dentro de una relación y piense “simplemente ha ocurrido”.

La pareja es la persona que elegimos para que nos acompañe, aquella que queremos que esté a nuestro lado, y por supuesto, que tenga unas cualidades concretas. 

Es importante tener en cuenta que, para saber lo que quiero y para considerar que merezco elegir a mi pareja, es fundamental tener una autoestima alta, es decir, tener una buena relación conmigo misma. De lo contrario, con una baja autoestima, la persona puede tener la sensación de que no es merecedora de elegir ni de que la elijan, y por tanto baje los estándares o ni se plantee lo que le gustaría que cumpla su pareja. 

La pregunta es:
¿Por qué no solemos hacer lo mismo a la hora de elegir pareja? ¿Por qué no establecemos unas cualidades concretas que queremos que tenga nuestra pareja y la elegimos en base a ellas?

En terapia, suelo pedir a los pacientes que piensen qué cualidades les gustaría que tuviera su siguiente pareja. La tarea consiste en escribir un listado de las cualidades que consideran imprescindibles (como las cinco puertas del coche y los 130 caballos) y las cualidades en las que podrían ser más flexibles.

Estas cualidades imprescindibles dependen de las necesidades de cada persona, de su historia, de sus padres como referentes de pareja, de sus relaciones pasadas, etc.

Tener claro lo que quiero me permite ser más coherente, ser más fiel a mí mismo, y que haya menos probabilidad de aceptar o dejar pasar aquello que no encaja con mis preferencias.

Es importante tener en cuenta, que a medida que afinas tu criterio y tienes más claro lo que buscas, la cantidad de personas que cumple con los requisitos se reduce.

He escuchado tantas veces la frase de: “Ahora que sé lo que quiero nadie me vale”, “así no voy a tener pareja nunca”. Mi respuesta suele ser: “no es que nadie encaje, sino que menos gente encaja, pero que tengas esa sensación es buena señal”, y “claro que vas a encontrar a alguien que te encaje, solo te llevará más tiempo”. 

Las personas que tienen su filtro establecido tienen la sensación de “ligar menos” o de que nunca les gusta nadie. Llegan a plantearse incluso si han perdido la ilusión. Es normal, objetivamente les gustan menos personas y por tanto la frecuencia de conocer a otras personas se reduce.

Poco a poco, a medida que van apareciendo personas que llaman su atención y que son más afines a los criterios establecidos, van calmando su preocupación. Además, toman conciencia de que, el hecho de que la persona cumpla con sus imprescindibles, les genera bienestar, les hace sentir más a gusto.

Por ejemplo, si algunos de los imprescindibles de una persona es que la otra persona sea cariñosa, extrovertida y ambiciosa, cuando conozca a alguien así estará más tranquilo.

Por cierto, ¿el amor no es, entre otras muchas cosas, estar tranquilo y en paz? Muchas veces la intranquilidad que podemos sentir en una relación puede estar relacionada precisamente con esto. Si la persona que comentábamos considera imprescindible el ser cariñoso, extrovertido y ambicioso, es muy probable que si la otra persona no lo es, se sienta intranquila o sienta que le falta algo.

La influencia de nuestro referente de pareja a la hora de elegir la nuestra:

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La manera en que la relación de nuestros padres nos influye es un temazo.

Los padres son los primeros adultos a los que conocemos, son nuestros referentes, y en quien nos proyectamos a futuro cuando somos pequeños.

A medida que nos hacemos adultos, empezamos a mirarles más desde la realidad de quienes realmente son y menos desde la idealización. Nuestros padres son personas adultas que tienen virtudes y defectos, no sólo a nivel individual, sino también como pareja. 

La manera en que se relacionan entre ellos, es decir, cómo se comunican, se demuestran cariño (o no), se cuidan (o no), o resuelven sus conflictos nos servirá de ejemplo para el futuro.

Cuando somos niños entendemos por “normal” aquello que ocurre en nuestra casa y en nuestra familia, y asumimos que en el resto de familias la dinámica será la misma.

Si un niño cuyos padres se quieren, se cuidan, son cariñosos y resuelven los conflictos dialogando, va a casa de un amigo cuyos padres ejercen la violencia entre ellos, se gritan y no son cariñosos con su hijo, algo dentro de él se romperá.

Recordemos que el cerebro es como un ordenador. Está creado para hacer asociaciones de ideas y optimizar recursos en forma de energía y tiempo. En este momento, el esquema mental de “todos los padres se quieren, se cuidan, son cariñosos y resuelven los conflictos dialogando” que tenía ese niño, se rompe. El niño aprende que no todos los padres y adultos son de esa manera, solo algunos. A partir de ese momento, ya no tendrá la seguridad y la certeza de que todos los adultos son como sus padres. Será más cauteloso y, la próxima vez que vaya a casa de un amigo no dará nada por hecho. 

En el ejemplo, ambos niños tienen sus referentes de pareja, lo que ocurre es que son muy diferentes. El primer niño crecerá entendiendo que querer es cuidar, apoyar, escuchar y que, aunque las parejas puedan atravesar momentos más complicados, pueden encontrar la manera de entenderse, aunque no necesariamente estén de acuerdo.

Por el contrario, el otro niño crecerá entendiendo que las parejas discuten, gritan y amenazan con abandonar la pareja y la familia.

A lo largo de mis años como psicóloga, he visto muchas personas adultas con una gran sensación de inseguridad e inestabilidad asociada a la pareja precisamente por haber tenido un padre/madre que amenazaba con abandonar la pareja.

Si nos paramos un momento en este punto, de algún modo esa sensación de inseguridad puede ser incluso adaptativa. Estas personas sufrieron cuando eran niños el abandono, separación, divorcio, o conflicto en general de sus padres. Fueron conscientes, no sólo de su propio sufrimiento, sino también del de sus padres. Tienen miedo de sufrir y, cuando están en pareja, se despierta en ellos una alarma. 

Por ejemplo, imagina que ves a un niño pequeño, de unos 3 años, tocar un fuego y quemarse. Le ves llorar desconsolado, gritar y buscar a su figura de apego para consolarse. ¿Qué pasaría si pasados dos minutos vieras que el niño vuelve corriendo a donde está el fuego y lo vuelve a tocar? ¿No sería mucho más adaptativo que pasara lo contrario? Es decir, que el niño tuviera miedo y que no quisiera ni ver, ni acercarse, al fuego durante un tiempo. Esa conducta indicaría que hay algo dentro de él que busca protegerse. 

Como suelo decir, los adultos somos niños grandes. También necesitamos protegernos cuando sentimos que podemos sufrir, cuando vemos que algo nos puede quemar, nos puede hacer daño. El problema es cuando ese miedo gana demasiado poder y la armadura, la conducta evitativa, se queda con nosotros demasiado tiempo. 

La inseguridad y el miedo al abandono que tienen estas personas tienen sentido y nacen de la necesidad de protegerse. En consulta, trato de transmitirles la idea de que su historia les ha condicionado, pero no les determina.

Tengo muchos pacientes con referentes nefastos (padres maltratadores, abusadores, negligentes, ausentes) que han sufrido muchísimo. También otros padres que no han llegado a esos extremos, y que lo han hecho lo mejor que han sabido, y que sin querer han provocado carencias en sus hijos. Aún así, muchos de ellos tienen una idea preservada y, desde mi punto de vista muy sana, de cómo les gustaría ser como pareja y como padres. A estos pacientes yo les admiro por su capacidad de análisis, de reflexión y por distanciarse de la situación para elegir un camino con el que ser más felices.

Muchas veces la terapia duele. Duele ver conductas de otras personas que te hacen daño, duele desaprender conductas con las que no te identificas pero que has aprendido por imitación. Lo importante es saber que existe un futuro que está por venir en el que puedes decidir cómo quieres ser.

En definitiva, nuestra historia nos condiciona, pero no nos determina

El problema de las expectativas:

A menudo me llegan pacientes que me cuentan que cuando conocen a alguien que les gusta, se ilusionan muy rápido, e igual de rápido todo se desvanece. Esto puede ocurrir por diversos motivos, pero en este apartado concreto vamos a hablar sobre la idealización y las expectativas. 

eiffel tower in paris during daylightstatue of liberty

Una vez que te has dado cuenta de que la imagen final no es lo que tu pensabas que sería al principio, te decepcionas o incluso sientes cierto enfado. También es posible que aparezcan pensamientos tipo: “ ¡Juraría que ví en la caja que era la Torre Eiffel!”. La realidad es que no, no lo viste, solo te creaste una imagen de lo que te gustaría que fuera. 

Este ejemplo es tan real como la vida misma. Me encuentro a menudo con personas a las que les ocurre exactamente esto. Si intentamos aplicar el ejemplo a lo que suele ocurrir en la vida real sería de la siguiente manera:

Imaginemos a una chica muy sociable, deportista, que le gusta la naturaleza, es muy activa y no le gustan nada los planes de estar encerrada en casa o quedar con amigos y sentarse en una terraza a tomar cervezas. Conoce a un chico, al que considera atractivo, y él le cuenta que también le gusta hacer planes en la naturaleza y que es deportista. En ese momento ella piensa: “es perfecto, me encanta, me encaja todo de él, tiene todo lo que yo buscaba”. Se genera en ella una sensación de familiaridad, de creer saberlo todo de la otra persona. A medida que avanzan en la relación, ella empieza a ver que él no es tan sociable como ella pensaba y, aunque a ella le choca esto de él, lo deja pasar. Más tarde se da cuenta de que le gusta hacer deporte, pero no tanto como a ella o no de la misma manera, y que fuera de las tres horas de deporte que hace a la semana, es bastante sedentario. Cuando no hace deporte le gusta jugar a la Play Station y los fines de semana le gusta quedarse en casa. También lo deja pasar. Después, va dándose cuenta de que carece de habilidades comunicativas o, al menos, que les cuesta a ambos encontrar la manera de comunicarse y expresar sus necesidades, preocupaciones, etc. Cada vez que ella expresa cómo se siente, nota que él se cierra y no se siente escuchada. La tristeza y la decepción empiezan a aflorar. Ella no entiende qué ha pasado, en su cabeza él era perfecto y no consigue integrar la idea de que no reúna todas las cualidades que ella creyó ver en él. 

Mi función es ayudarle a entender que él no es responsable de las expectativas que ella puso sobre él. Él es quien es, aunque suene así de simple, es quien es con sus virtudes, con sus defectos y con las cosas que ella conoce y también con las que aún le quedan por descubrir. La personalidad de él está bien, la Estatua de la Libertad es igual de bonita que la Torre Eiffel. Las cosas con las que él  disfruta y su manera de vivir son geniales, el problema no es que estén mal, sino que no encajan en lo que ella había dado por hecho. 

Por eso es tan importante que las personas que tienden a idealizar a otros se fuercen a cambiar el “me gusta esta persona, me encaja todo, es perfecto”, por “lo poco que he visto de esta persona me gusta, y quiero seguir conociéndole”. De esta manera, irá decidiendo gradualmente si lo que va descubriendo de la otra persona le gusta o le encaja o, por el contrario, no quiere seguir conociéndole. De este modo, intentamos frenar la idealización, ayudar a la persona a conocer desde la realidad y la consciencia plena y no desde la expectativa y la idealización. A su vez, también intentamos proteger a la otra persona y así evitar que reciba injustamente unas expectativas que siente que debe cumplir.

Por qué NO priorizar un área de nuestra vida sobre las demás

En un post anterior (https://graciamedinapsicologa.com/hcgchcjg/) hablamos de que el BIENESTAR (sí, lo pongo con mayúscula para darte la importancia que tiene) es el EQUILIBRIO entre las distintas áreas de nuestra vida. 

En el post mencionado también comentábamos la metáfora del bienestar como una mesa que tiene cuatro o cinco patas (en función de si tenemos pareja o no), y las patas son las áreas de nuestra vida (personal, familiar, pareja, social y laboral).

El equilibrio entre ellas es fundamental, así como encontrar la manera de dar a cada una su espacio. Todas las áreas necesitan que invirtamos tiempo, esfuerzo y energía en ellas. 

Mis pacientes saben que “me chirría” mucho el concepto de priorizar un área frente al resto. Muchas veces escucho en terapia la frase: “quiero ser la prioridad para mi pareja” y siempre explico que es un concepto con el que no estoy demasiado de acuerdo.

Quiero dejar claro que esto es MI OPINIÓN, la cual está basada en mis creencias personales, pero también en lo que veo en consulta sobre lo que funciona, y lo que no, entre las parejas que atiendo. 

Priorizar un área sobre el resto implica darle siempre más tiempo, esfuerzo y energía. Personalmente creo que todas las áreas merecen la misma dedicación.

Volvamos al ejemplo de: “quiero ser la prioridad para mi pareja”

¿Seguro?, ¿Quieres que te priorice siempre?, ¿Incluso si un amigo le ha llamado contándole que le han despedido, le ha dejado su pareja o ha muerto un familiar cercano y le necesita?, ¿Quieres que te priorice frente a sí mismo?, ¿Frente a las cosas que le ilusionan, que le hacen sentir bien?

No creo que el amor implique ser lo más importante para la otra persona (desde mi punto de vista). Creo que el amor implica, entre otras muchas cosas, ser importante para la otra persona, pero no necesariamente lo más importante. Es más, ¿por qué debería un área destacar sobre las demás? 

Piénsalo un momento:

¿Para ti tu pareja o estar con tu pareja es lo más importante todos los días? O hay días que te apetece mucho más hacer deporte, quedar con tus amigas, o terminar un proyecto laboral si eso te hace feliz.
¿Por qué tenemos que crear una jerarquía entre todo lo que nos importa o valoramos en la vida y poner en el Top 1 siempre a la pareja?

Creo que todo lo que es importante para nosotros puede coexistir, puede haber un equilibrio e incluso las diferentes áreas pueden nutrirse entre sí.

Otro aspecto importante, o al menos lo es para mí, es entender las necesidades de la otra persona.

Querer bien a alguien también implica:

– Querer entender cómo funciona
– Entender sus necesidades
– Sus inquietudes
– Sus ilusiones
– Entender lo que necesita para estar tranquilo.

Si tú quieres ser siempre la prioridad para el otro, esa persona va a tener que “robar” tiempo a otras personas o ámbitos de su vida que también le hacen feliz. 

Querer a alguien implica querer que desarrolle su relación con sus amigos, con su familia, con su trabajo y consigo mismo. 

  • Que recupere su pasión por montar en bici, aunque eso implique pasar menos tiempo contigo. 
  • Que acompañe a su madre al médico o a dar un paseo, aunque eso implique pasar menos tiempo contigo. 
  • Que apoye a ese amigo que lo está pasando mal, aunque eso implique pasar menos tiempo contigo. 
  • O que dedique tiempo a hacer ese máster o curso que tanta ilusión le hace, aunque eso implique pasar menos tiempo contigo.

Querer a alguien también implica querer que se sienta orgulloso de sí mismo en el resto de facetas, no solo en el de pareja. 

La necesidad de ser priorizado como posible síntoma de inseguridad:

Es posible que detrás de la frase del ejemplo (“quiero ser la prioridad para mi pareja”) haya una gran inseguridad. No digo que siempre sea así, pero es una posibilidad que hay que valorar.

Sería importante pararnos a analizar si lo que necesita esa persona es sentir mayor seguridad. Seguramente esta persona mide cuánto le quiere la otra persona en función del tiempo que le dedica frente al resto de ámbitos de su vida. 

Es posible que haya personas que hayan creado interiormente una ecuación respecto al amor. Una manera muy subjetiva y, desde mi punto de vista poco real, de valorar si otra persona nos quiere, o al menos, parece que nos quiere.

 “Cuanto más tiempo, esfuerzo y energía me dedique, más me quiere”.

En el caso de la persona del ejemplo, la ecuación habría sufrido una pequeña variación. Ha introducido la variable de comparar la cantidad de tiempo, esfuerzo y energía que la persona le dedica a la pareja respecto a la que dedica al resto de ámbitos de su vida. 

“Cuanto más tiempo, esfuerzo y energía me dedique a mí y, por lo tanto, menos dedique a su familia, amigos, trabajo y a sí mismo, más me quiere”. 

En este caso, al comparar las áreas entre sí, se está creando una competición entre ellas:

  • “Si pasas más tiempo con tus amigos que conmigo es porque te importan más que yo”.
  • “Si dedicas más energía a ese proyecto del trabajo, es porque te ilusiona más que nuestra relación”.
  • “Si te esfuerzas más en ese deporte que te encanta, es porque me quieres menos”.

Personalmente, creo que no tiene por qué ser necesariamente así. Lo que marca la diferencia es tratar de dar contexto a la situación. 

  • ¿Siempre pasa más tiempo con sus amigos que contigo?
  • ¿Siempre dedica más energía al trabajo que a tí?
  • ¿Siempre se esfuerza más en sus proyectos personales que en vuestra relación?

Si la respuesta es que sí, tendríamos que plantearnos qué ocurre en esa relación y tratarlo.

Pero si la respuesta es que no, cambiemos el enfoque.

  • Puede que este fin de semana esté dedicando más tiempo a sus amigos porque tienen un plan o un viaje desde hace tiempo que les apetece un montón.
  • Puede que esta semana esté dedicando más energía al trabajo porque tiene que terminar un proyecto importante.
  • Puede que hoy te haya dicho que va a ir más tiempo al gimnasio o a correr, porque se está preparando para una competición que le hace mucha ilusión. 

Lo más importante es entender que nada de eso significa que te quiera menos. 

La pregunta es:

¿Cómo te hace sentir tu pareja?
¿Te hace sentir querida, cuidada, escuchada, respetada, y un largo etcétera?
¿Sientes que te da tu espacio y te dedica ese tiempo, energía y esfuerzo que hablábamos antes?

Si la respuesta es que sí, esa persona está encontrando el equilibrio, y a lo mejor lo que necesitas es tratar de encontrarlo tú.

A veces, lo que nos molesta del otro es precisamente lo que envidiamos. Aquella cualidad que vemos en el otro y que nos gustaría tener pero aún no hemos desarrollado.

¿Puede que lo que te moleste es ver que la otra persona sí es capaz de encontrar la manera de involucrarse en sus diferentes relaciones, proyectos e ilusiones y tú no? 

Piénsalo:

¿Estás dedicando el tiempo que te gustaría a tu familia y amigos?¿Estás dedicando la energía que te gustaría a tu deporte/hobbie/ilusiones?
¿Estás dedicando el esfuerzo que te gustaría al trabajo, o a tus proyectos personales?

O, por el contrario, te suena mucho la frase de: “me gustaría hacerlo pero no tengo tiempo”, “siempre he querido…”.

Soy Gracia

Bienvenido/a a mi blog. Aquí encontrarás recursos que utilizo con mis pacientes en terapia. ¡Espero que te ayuden!

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