A menudo me llegan pacientes que me cuentan que cuando conocen a alguien que les gusta, se ilusionan muy rápido, e igual de rápido todo se desvanece. Esto puede ocurrir por diversos motivos, pero en este apartado concreto vamos a hablar sobre la idealización y las expectativas.
Para explicarlo, suelo poner el siguiente ejemplo:
Imagina que estás empezando a hacer un puzzle de 1000 piezas y no has visto la imagen final de cómo quedará el puzzle. No tienes muy claro por dónde empezar y decides que lo más fácil es empezar por una esquina. Una de las cuatro piezas de las esquinas es azul, un azul claro. Empiezas a buscar otras piezas de ese mismo color y ves que van encajando entre ellas, completando la zona de la esquina.
De repente, ya tienes unas diez piezas azules unidas y piensas: “ostras, ya sé lo que va a ser el puzzle, estoy cien por cien segura de que esta zona azul es el cielo y de que la imagen es un paisaje de París y va a aparecer la Torre Eiffel”.
Sigues formando tu puzzle y empiezas a darte cuenta de que, a medida que avanzas, la imagen no es lo que tú pensabas. Empiezas a ver que aparecen piezas de otro tipo de azul, un azul más oscuro, y te das cuenta de que no es el cielo, es agua.
Sigues avanzando, aunque decepcionada porque la imagen que ves no se corresponde con la de la Torre Eiffel. También te das cuenta de que aparecen muchos edificios altos y al final descubres que se trata de una imagen de la ciudad de Nueva York y que en realidad la imagen es la de la estatua de la Libertad.


Una vez que te has dado cuenta de que la imagen final no es lo que tu pensabas que sería al principio, te decepcionas o incluso sientes cierto enfado. También es posible que aparezcan pensamientos tipo: “ ¡Juraría que ví en la caja que era la Torre Eiffel!”. La realidad es que no, no lo viste, solo te creaste una imagen de lo que te gustaría que fuera.
Este ejemplo es tan real como la vida misma. Me encuentro a menudo con personas a las que les ocurre exactamente esto. Si intentamos aplicar el ejemplo a lo que suele ocurrir en la vida real sería de la siguiente manera:
Imaginemos a una chica muy sociable, deportista, que le gusta la naturaleza, es muy activa y no le gustan nada los planes de estar encerrada en casa o quedar con amigos y sentarse en una terraza a tomar cervezas. Conoce a un chico, al que considera atractivo, y él le cuenta que también le gusta hacer planes en la naturaleza y que es deportista. En ese momento ella piensa: “es perfecto, me encanta, me encaja todo de él, tiene todo lo que yo buscaba”. Se genera en ella una sensación de familiaridad, de creer saberlo todo de la otra persona. A medida que avanzan en la relación, ella empieza a ver que él no es tan sociable como ella pensaba y, aunque a ella le choca esto de él, lo deja pasar. Más tarde se da cuenta de que le gusta hacer deporte, pero no tanto como a ella o no de la misma manera, y que fuera de las tres horas de deporte que hace a la semana, es bastante sedentario. Cuando no hace deporte le gusta jugar a la Play Station y los fines de semana le gusta quedarse en casa. También lo deja pasar. Después, va dándose cuenta de que carece de habilidades comunicativas o, al menos, que les cuesta a ambos encontrar la manera de comunicarse y expresar sus necesidades, preocupaciones, etc. Cada vez que ella expresa cómo se siente, nota que él se cierra y no se siente escuchada. La tristeza y la decepción empiezan a aflorar. Ella no entiende qué ha pasado, en su cabeza él era perfecto y no consigue integrar la idea de que no reúna todas las cualidades que ella creyó ver en él.
Mi función es ayudarle a entender que él no es responsable de las expectativas que ella puso sobre él. Él es quien es, aunque suene así de simple, es quien es con sus virtudes, con sus defectos y con las cosas que ella conoce y también con las que aún le quedan por descubrir. La personalidad de él está bien, la Estatua de la Libertad es igual de bonita que la Torre Eiffel. Las cosas con las que él disfruta y su manera de vivir son geniales, el problema no es que estén mal, sino que no encajan en lo que ella había dado por hecho.
Por eso es tan importante que las personas que tienden a idealizar a otros se fuercen a cambiar el “me gusta esta persona, me encaja todo, es perfecto”, por “lo poco que he visto de esta persona me gusta, y quiero seguir conociéndole”. De esta manera, irá decidiendo gradualmente si lo que va descubriendo de la otra persona le gusta o le encaja o, por el contrario, no quiere seguir conociéndole. De este modo, intentamos frenar la idealización, ayudar a la persona a conocer desde la realidad y la consciencia plena y no des







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