A muchas personas les puede resultar extraño la idea de que a la pareja se la elige. Desde mi punto de vista sí, la pareja se elige, no es algo que ocurre y punto. Las cosas que simplemente suceden suelen estar relacionadas con aquellas que no tenemos decididas. Por ejemplo, si yo tengo claro que hoy quiero comer un filete con ensalada, es bastante improbable que cuando llegue la hora de comer, termine comiendo lo primero que pille en la nevera. ¿Por qué? porque ya había decidido con anterioridad lo que iba a comer, tenía los ingredientes y he dedicado el tiempo a hacerme la comida.
En mi opinión, en la elección de pareja ocurre algo parecido. Si no tengo decidido lo que quiero, es probable que de repente me vea dentro de una relación y piense “simplemente ha ocurrido”. La pareja es la persona que elegimos para que nos acompañe, aquella que queremos que esté a nuestro lado, y por supuesto, que tenga unas cualidades concretas.
Es importante tener en cuenta que, para saber lo que quiero y para considerar que merezco elegir a mi pareja, es fundamental tener una autoestima alta, es decir, tener una buena relación conmigo misma. De lo contrario, con una baja autoestima, la persona puede tener la sensación de que no es merecedora de elegir ni de que la elijan, y por tanto baje los estándares o ni se plantee lo que le gustaría que cumpla su pareja.
Para explicar esto suelo utilizar el siguiente ejemplo:
Imagina que vas a un concesionario a comprarte un coche. Llevas ahorrando mucho tiempo, por lo que has invertido varios recursos en forma de tiempo, dinero, esfuerzo y energía, para lograr comprarte un coche. Le comentas al vendedor que tienes claro lo que quieres. Le dices que consideras imprescindible que el coche tenga cinco puertas y 130 caballos, e insistes en que el coche sí o sí tiene que cumplir esas dos cualidades. Después le comentas que en el color puedes ser más flexible entre azul o verde y que la tapicería te da exactamente igual como sea. ¿Qué pasaría si el vendedor aparece con un coche de tres puertas o de 100 caballos? Serías firme y le recordarías tus imprescindibles, ¿verdad?
La pregunta es: ¿por qué no solemos hacer lo mismo a la hora de elegir pareja? ¿por qué no establecemos unas cualidades concretas que queremos que tenga nuestra pareja y la elegimos en base a ellas?
En terapia, suelo pedir a los pacientes que piensen qué cualidades les gustaría que tuviera su siguiente pareja. La tarea consiste en escribir un listado de las cualidades que consideran imprescindibles, como las cinco puertas del coche y los 130 caballos, y las cualidades en las que podrían ser más flexibles. Estas cualidades imprescindibles dependen de las necesidades de cada persona, de su historia, de sus padres como referentes de pareja, de sus relaciones pasadas, etc. Tener claro lo que quiero me permite ser más coherente, ser más fiel a mí mismo, y que haya menos probabilidad de aceptar o dejar pasar aquello que no encaja con mis preferencias. Es importante tener en cuenta, que a medida que afinas tu criterio y tienes más claro lo que buscas, la cantidad de personas que cumple con los requisitos se reduce. He escuchado tantas veces la frase de: “esque ahora que sé lo que quiero nadie me vale”, “así no voy a tener pareja nunca”. Mi respuesta suele ser: “no es que nadie encaje, sino que menos gente encaja, pero que tengas esa sensación es buena señal”, y “claro que vas a encontrar a alguien que te encaje, solo te llevará más tiempo”.
Las personas que tienen su filtro establecido tienen la sensación de “ligar menos” o de que nunca les gusta nadie. Llegan a plantearse incluso si han perdido la ilusión. Es normal, objetivamente les gustan menos personas y por tanto la frecuencia de conocer a otras personas se reduce. Poco a poco, a medida que van apareciendo personas que llaman su atención y que son más afines a los criterios establecidos, van calmando su preocupación. Además, toman conciencia de que, el hecho de que la persona cumpla con sus imprescindibles, les genera bienestar, les hace sentir más a gusto. Por ejemplo, si algunos de los imprescindibles de una persona es que la otra persona sea cariñosa, extrovertida y ambiciosa, cuando conozca a alguien así estará más tranquilo. Por cierto, ¿el amor no es, entre otras muchas cosas, estar tranquilo y en paz? Muchas veces la intranquilidad que podemos sentir en una relación puede estar relacionada precisamente con esto. Si la persona que comentábamos considera imprescindible el ser cariñoso, extrovertido y ambicioso, es muy probable que si la otra persona no lo es, se sienta intranquila o sienta que le falta algo.







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